hemo-lilitu3

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Ayyyyyyyy! – y llego al suelo.

El corazón casi se me sale del pecho. Había imaginado algo así como que caería más despacio y por eso no me haría daño, pero no, he caído a plomo. Sin embargo, en mis pies y piernas la sensación al contacto con el suelo ha sido como si saltase desde la altura de un escalón. Muy curioso esto del 20x. Estoy junto a los contenedores de basura, que huelen muy mal, como siempre, pero el olor me resulta distinto, no sé porqué. Entro en el parque, que ya está oscuro, la ciudad no tiene presupuesto para farolas en los parques, pero mi visión es extrañamente clara, noto que es de noche y apenas hay luz y sin embargo distingo cada detalle, cada pequeño movimiento de una rama, el estremecimiento de los cuerpecillos de los pájaros cuando paso bajo los arboles en los que duermen arracimados.

El hambre de vampiro me tortura. Escozor en la garganta, una punzada en el estómago, un dolor sordo en los genitales. Es algo horrible. Me dejo llevar por mi olfato que parece conducirme a algún sitio. Salgo de los caminos principales del parque y me interno en una espesura de setos y jardincillos. Mucho antes de llegar a su altura huelo el bulto sobre un banco de piedra, y mis ojos, como dotados de un zoom desconocido recorren el perfil de una silueta en posición fetal. Me siento en el banco, en el escaso espacio que queda junto a sus pies encogidos. Él no parece haberme oído llegar, ni sentarme a su lado, es un hombre joven, y noto en su olor que ha bebido mucha cerveza. Hace un minuto estaba muy nervioso, pero ahora, una calma sorprendente me invade. No lo entiendo, pero con la mayor naturalidad le pongo una mano sobre una pierna para que note mi presencia y le saludo en árabe. El hombre se incorpora apenas sorprendido, sus ojos, acostumbrados ya a la oscuridad me miran fijamente. Debe de tener unos 30 años, lleva una chilaba raída, unos vaqueros muy sucios, y las chancletas de plástico que hay bajo el banco. Tiene barba de diez días, y mi nuevo olfato recibe impresiones contradictorias. La primera su hedor a suciedad, a sudor, trazas de orina y excrementos, incluso huelo claramente restos de semen reseco en su vello púbico, pero tras eso, o mejor diría “dentro” de eso, como si lo otro fuese la perla y el núcleo la mota de arena que me interesa, detecto un dulzor delicioso, la esencia olorosa de ese hombre un poco borracho de cerveza speciale flag, un aroma úrico de pureza inmaculada.

Se sienta junto a mí y me pregunta que qué quiero. Le respondo que he venido a cenar. Y él dice que no tiene nada de comer, que le deje en paz. Entonces yo sonrío y noto cómo la boca de me desencaja, los arcos dentales amplían su curvatura, los dientes se alargan y los colmillos sobresalen de manera espantosa. Él abre los ojos desorbitadamente y sin poder apreciar el movimiento que hago salto a horcajadas sobre él y ya estoy con mi boca sobre su cuello, o más bien penetrando dentro de su cuello, pues el boquete que he hecho con dos dentelladas es tan grande que cabe casi mi cara. Mi lengua, que ahora es larga y afilada, se abre paso por tendones y músculos, lamiendo de las arterias desgarradas la sangre que fluye a borbotones, la mayor parte de la cual bebo de manera ansiosa.

No sé cuanto tiempo ha transcurrido. No sé canta sangre he bebido. Estoy sentado sobre el banco, derrengado y ahíto, como si acabara de masturbarme y hubiese tenido el orgasmo más agotador de mi vida. El cadáver del hombre está tendido sobre el banco, con la cabeza casi desprendida colgando. Hay una parte remota de mí que desea espantarse ante esa imagen tan horrible, pero mis ojos de vampiro ya ven las cosas de otra manera, y prevalece la apreciación estética de la posición del cadáver, muy hermosa, en su descoyuntado abandono a la muerte y la nada. Mis mandíbulas han vuelto a colocarse en su sitio. Tengo la cara, el pelo y todo perdido de sangre. Me preocupa especialmente el estado de mis queridas converse rosas que ahora parecen púrpura.

Corro entre los árboles, efectivamente al ritmo que veo pasar las cosas debo de desplazarme a una velocidad vertiginosa, tal y como me dijo J. Pero yo tengo la sensación de hacer footing nocturno a un ritmo de lo más relajado. El tiempo de los vampiros no parece ser el tiempo de los humanos, como no lo es su hambre, ni su ética, ni su estética.

Salgo del parque, veo los grandes contenedores verdes de basura y al fondo la fachada de mi edificio. Salto sobre uno de los pilares que sujetan la valla de hierro forjado del parque, y de manera asombrosa, de un solo impulso lateral brinco sobre uno de los contenedores, y de ahí, de un salto, ya estoy sobre la jardinera de la terraza de mi habitación, en la cuarta planta. Mola que te cagas.

Me quito la ropa ensangrentada, me meto en la ducha y pongo el agua muy caliente. Aunque es verano creo que mi sensación de la temperatura también ha cambiado. Luego enciendo el portátil, busco en el emule algunas pelis de vampiros para documentarme y me meto en el messenger a ver si está conectada Nerea.

continuará…

© j.g.

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Yo estaba desnudo en el balcón, con un dolor horrible en los dientes y una sensación que mezclaba sed, hambre y desesperado salimiento sexual, todo ello multiplicado por 20. Oí sonar mi móvil, en la pantallita parpadeaba un número desconocido de España. Era J. Empecé a despotricar inmediatamente diciéndole que qué cojones me estaba pasando, que si estaba muerto, que por qué no me había quemado la luz del sol, que me encontraba fatal, que… colgó. Volvió a llamar en un minuto y dijo con voz muy suave que me callase y le escuchase sólo un momento.

Dijo que hay muchas preguntas y que las repuestas vendrían poco a poco. Lo primero que no me preocupase por la luz del sol, que no me haría daño, y que podría seguir yendo a la playa o a la piscina y ponerme moreno. Que lo único que pasaba es que bajo el sol los vampiros no tenemos poderes especiales, y es fácil acabar con nosotros. Que ahora yo era un vampiro, que era algo que yo había elegido y que debía asumirlo y necesitaba alimentarme. Añadió que se terminó la dieta de todo lo que no fuese sangre y que debía salir de caza o me debilitaría mucho y que como era la primera vez bastaría con unos sorbos. Comentó que en Casablanca hay muchos mendigos, sobre todo niños que duermen en la calle, que no me sería difícil, que me recomendaba que los golpeara en la cabeza, no demasiado fuerte, sólo para que perdiesen el conocimiento y les mordiese en la pantorrilla, así no morirían, la herida parecería un mordisco de animal y no sería muy sospechosa, y para empezar a mí me valdría. Dijo que los vampiros tenemos que ser discretos y prudentes, que la policía no es idiota y hay que actuar con astucia o hacer desaparecer el cadáver. Mientras lo escuchaba sentía una mezcla de cabreo y asco, pero a la vez mi boca segregaba saliva como cuando antes de ser vampiro pensaba en el chocolate negro.

Le dije que todo eso me parecía una puta mierda y que no tenía ni idea de como hacerlo. Él me dijo que me dejase llevar por mi instinto de vampiro, y que considerase que ahora, como vampiro joven, tenía un poder como mínimo 20 veces mayor que cualquier humano. Yo ahora lo llamo mi “20x”, pero entonces no tenía ni idea de qué iba la cosa. J. dijo que yo era 20 veces más rápido, más duro, y más fuerte que un mortal, y que poco a poco iría desarrollando mis otras habilidades vampíricas. Dijo que podía moverme tan rápido, que los humanos creerían que podía desaparecer, y al pasar entre ellos solo atisbarían una sombra. Me previno de que con mis uñas podía cortar la cabeza de un hombre de un solo tajo. Dijo que ahora no necesitaba salir por la puerta, podía simplemente saltar desde el balcón a la calle. Protesté diciendo que vivía en una cuarta planta. Dijo que yo era bueno en Mates, que calculase qué altura saltaría fácilmente un humano y que la multiplicase por 20, e intentó tranquilizarme diciendo que no me podía matar cayéndome de un edificio, que como mucho me haría daño, o algunas heridas que se curarían enseguida. Dijo que los vampiros podemos correr por los tejados y las azoteas de las casas, saltar entre las ramas de los grandes árboles y entre los edificios a tal velocidad que el ojo humano apenas nos ve, “y eso, querido, que tú tan sólo eres un vampiro recién nacido”. Le dije que claro, que Spiderman también podía hacer eso, “y no me llames querido”, y le mandé a tomar por culo, colgué y apagué el móvil.

¿Y ahora qué?, me pregunté, allí desnudo en el balcón, como un capullo, vampiro pero capullo, sintiéndome como un yonki con mono sin saber donde está el camello o la farmacia de guardia. Me puse mi chándal Nike negro y las converse rosas y me asomé al balcón a ver como pintaba la distancia hasta la calle. Pensé en J. y pensé “20x, más rápido, más duro, más fuerte; 20x, 20x, será cabrón”, y me dispuse a calcular.

Veamos, supongamos que yo hasta ayer mismo podría saltar desde unos 3 metros sin romperme las piernas. Imaginé 3 metros y me cagué de miedo. Rebajemos la cifra a 2. De 2 metros sí que salto. Hay cuatro plantas hasta la calle, a unos 3 metros por planta, unos 12 metros, ufff. Y entonces, 2 metros que salto yo normalmente por los putos 20x, eso da 40 metros. Te cagas !, según J. puedo saltar fácilmente desde lo alto de un edificio de 13 o 15 plantas hasta la calle sin hacerme un rasguño.

Me senté sobre la jardinera y saqué las piernas al vacío. Miré las converse rosas que estaban un poco sucias., y después al lejano asfalto. Estaba muerto de miedo. ¿Mi cuerpo estaría muerto?, me seguía preocupando esto y pensé que antes de obsesionarme demasiado con la idea tendría que preguntárselo a J. Tenía tantas cosas que preguntarle. Esto era una locura, pero hacía menos de 24 horas yo había bebido la sangre del pecho de un vampiro, había cagado y vomitado todo lo cagable y vomitable, y me sentía fatal. Al fin y al cabo algo tenía que hacer. Miré la torre de la iglesia e intenté calcular mentalmente su altura. Olfatee el aire de la noche estival y me dije “que Dios o el Diablo me ayude”.

Y salté al vacío.

continuará…

© j.g.

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